¿Todas las personas buscamos nuestro bien?

   LUISA LÓPEZ CABREJAS

La primera impresión al leer el título de este artículo probablemente haya sido el decirnos: Por supuesto, la respuesta no es ninguna sorpresa, cada uno queremos lo que es bueno para nosotros. Voy a tratar de explicar brevemente a qué me refiero exactamente con ello.

Una de las nociones más relevantes -por no decir revolucionaria- que he comprendido a partir del Asesoramiento Filosófico Sapiencial1 (modalidad en la que me he formado y practico) es que las personas no nos dañamos a sabiendas, aunque con frecuencia comprobamos que, buscando el propio bien, elegimos caminos tortuosos, nos equivocamos y podemos perjudicarnos. Razón por la cual podríamos decir que es la ignorancia la que está en el origen de este error. Ya los estoicos afirmaban que la causa de nuestros errores no es otra sino la ignorancia.

Y aún antes, Platón en su dialogo El Menón pone en boca de Sócrates la idea de que nadie conociendo el bien elige el mal. Y este es un punto de partida muy interesante y nada obvio.

Loto sobre el fango

Bharatpur Bird Sanctuary, Rajhastan (India), 2009.

Ejemplos en consulta

Es frecuente que personas que acuden a la consulta de Asesoramiento Filosófico se conmuevan al alcanzar una comprensión sentida de que ciertas conductas propias, las cuales consideraban -hasta ese momento- perjudiciales, o cuando menos enigmáticas o inexplicables para sí mismas, de repente no lo son. 

Ocurre que, a la luz de esta intuición y tras un diálogo mayéutico2, comprenden la lógica interna de sus acciones, y esto da pie a constatar que no son seres erróneos, perversos o contrahechos, sino que -en todo caso- hacen lo mejor que saben a la luz de su filosofía operativa.

Ejemplo de esta afirmación podría ser una persona que nos comenta: no entiendo qué me pasa que, aunque -por un lado- quiero una pareja, a la vez no me atrevo a empezar ninguna relación (estoy cerrado al amor). Otro ejemplo podría ser: sé que sería muy bueno para mi salud dejar de fumar o hacer deporte, pero no lo hago ¿Por qué me pasa esto?

Del autosabotaje a la verdadera comprensión

Frecuentemente hay mucho dolor y sentimiento de culpa detrás de estas acciones que, como señalaba, nos resultan incompresibles para nosotros mismos. Hoy día se usa con frecuencia el concepto de autosabotaje como tendencia a obstaculizarnos a nosotros mismos en la consecución de objetivos y metas. Esto, en todo caso, es una verdad parcial, solo es una cara de la moneda. Es decir, siento confusión al constatar que una parte de mí frena mi crecimiento, o puedo llegar a decirme que -por torpeza- me hago daño, o que no quiero mi bien al ponerme palos en las ruedas a mí mismo obstaculizando mi camino. Sin embargo, falta un importante ejercicio filosófico de comprensión del sentido profundo de mi acción, que es el que proponemos desde la practica filosófica sapiencial.

A través de un acompañamiento y mediante las preguntas adecuadas sale a la luz la filosofía latente de la persona, teniendo en cuenta su cosmovisión (ideas sobre sí misma y sobre el mundo), y de este modo, esta descubre cómo, dentro de sí, la que anteriormente era una voz incomprensible, pasa a ser percibida como una voz legítima, mostrando un genuino anhelo de la persona que antes no era reconocido, sino que aparecía como un aspecto de sí misma inexplicable, complicado o incoherente.

Como señala Mónica Cavallé3 en su obra El arte de ser  “el pensamiento estoico retoma la tesis socrática, presente también en las principales sabidurías de Oriente, de que nadie yerra voluntariamente, de que nadie obra el mal con plena conciencia de lo que hace, pues todo el mundo busca su bien, es decir, todo el mundo aspira a la felicidad. Se obra mal porque se tienen juicios errados sobre dónde radica nuestro verdadero bien” 

Aterrizando esta idea de modo similar, el psicoterapeuta y discípulo del maestro zen Thich Nhat Hanh Tim Desmond4, en su libro La autocompasión en Psicoterapia, explica: “Comprendemos que la persona quiere ser feliz y que está intentando (aunque sin demasiada destreza) crear felicidad para sí misma y para los demás”.

Un ejemplo especialmente llamativo son las adicciones, las cuales suponen una muestra clara de conductas que la mayoría de las veces resultan incomprensibles para la persona que las sufre y dan lugar a diálogos internos del tipo: ¿Cómo puede ser que sabiendo que esto me hace mal lo siga haciendo? ¿por qué quiero hacerme daño? ¿Tan poco amor a mí mismo tengo? 

Al respecto, el médico Gabor Maté en su video The Wisdom of Trauma5, que tuve la oportunidad de visionar hace algún tiempo, proporciona una explicación de las adicciones en la misma línea que ya apuntaba la filosofía sapiencial. Expone G. Maté que la persona lleva a cabo esas conductas para evitar sentir un mal mayor; esa adicción daña, pero evade del sentir y tapa una emoción previa más dolorosa aún, originada en experiencias difíciles. Comprender esto ya es un cambio en cuanto a la pregunta de por qué hago lo que hago.

Todo ello nos lleva a confiar en que la comprensión profunda de la motivación de nuestras acciones nos será de gran ayuda para dar un sentido que no veíamos previamente cuando nos quedábamos solo en la superficie de nuestro proceder. Comprender qué me motiva, en última instancia, dará mucha luz sobre pautas que se repiten en mi vida absurdamente. Tomar conciencia es el primer paso y esto ya es transformador. El primer paso es el último paso, dicho en palabras de J Krishnamurti. Gracias a ello veré que, invariablemente, busco lo que en el fondo creo que es mejor para mí, aunque, por ignorancia, ello esté obstaculizando mi desarrollo. Descubrir eso es la llave para iniciar un camino de mayor consciencia, para no vivir en clave dilemática ciertas actitudes aparentemente encontradas y poder integrarlas, reconociendo el valor positivo de ambas voces interiores6 que me lleve a conocerme mejor, siendo esta la clave de una vida más plena.

1 Término acuñado por Mónica Cavallé. Ver https://escueladefilosofiasapiencial.com/

2 Método socrático por el cual se ayuda a alumbrar mediante la interrogación y el diálogo una verdad que en cierto modo ya se contiene, sin conocerla, descubriendo el interlocutor las verdades por sí mismo.

3 Mónica Cavallé, El arte de ser, ed. Kairos pág. 204

4 Tim Desmond, La Autocompasión en Psicoterapia, ed. Desclée de Brouwer pág. 26

5 https://thewisdomoftrauma.com/

6 Hablo de voces interiores en sentido metafórico

Luisa López Cabrejas